¡No juegue con la salud de Antonia, Sr. Presidente!


 - Carta Abierta a Mauricio Macri -

Por favor, no juegue con la salud de Antonia, Sr. Presidente. Ni con la de ningún niño argentino.

Honestamente me encantaría decir que las vacunas son eficaces contra todas las enfermedades que pretenden protegernos y que no tienen ninguno de los efectos secundarios que se le atribuyen; pero lamentablemente no es así, y aunque su relación costo-beneficio es un debate que sistemáticamente se obstruye con la complicidad de los gobiernos para con los intereses de las farmacéuticas, la controversia es lo suficientemente importante como para que se respete la LIBERTAD DE VACUNACIÓN, ni a favor, ni en contra: LIBERTAD para debatir, para investigar y para decidir si nosotros o nuestros hijos deben o no ser vacunados.

Y hoy me quiero referir solo a una, la polémica vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) la cual se ha instaurado hace unos años en Argentina como obligatoria para las niñas de 11 años y ahora se profundiza la aberración extendiéndola a los niños de la misma edad. Esta violación sistemática a derechos personalísimos sobre la propia salud y la de nuestros hijos, ha llevado a muchas familias a vivir angustiadas por tener que aceptar la imposición grotesca de un medicamento controvertido y peligroso en un país que dice abrazar los valores democráticos.

En muchos países esta vacuna se ha sacado del calendario obligatorio y en otros la justicia ha amparado a los padres a ejercer la libertad de decidir. Por ejemplo en Chile, “la Corte de Apelaciones de Talca, máximo Tribunal de una de las regiones de Chile, ha emitido una orden al Gobierno para que deje de vacunar de manera OBLIGATORIA contra el virus del papiloma humano (VPH) a las niñas cuyos padres han presentado el recurso. (…) Allí el citado tribunal, como también ha ocurrido en las jurisdicciones de Arica y Chillán, la Corte de Apelaciones de la ciudad tramitó un recurso de protección entablado por un grupo de padres y apoderados, que reclaman su derecho a decidir si pone o no la vacuna a sus hijas”, tal como cita en su blog el reconocido investigador periodístico Miguel Jara. Una decisión razonable: garantizar el derecho de los padres a decidir si aplican la vacuna a sus hijos o no.

Procesos similares ocurren en otros países. En Francia un Tribunal médico ha reconocido la relación de causalidad entre su aplicación y los daños que se le atribuyen; en Dinamarca hace tiempo se investigan los daños en las niñas que han sido afectadas; Japón dejó de recomendarla en el 2013; en India se prohibieron los ensayos clínicos porqué las farmacéuticas utilizaron niñas pobres como cobayas y murieron; y en Estados Unidos, desde donde se promueven fuertemente estas políticas de vacunación, los daños de esta y otras vacunas no se niegan como ocurre en Argentina, dado que existe un Programa Nacional de Compensación por Daños de las Vacunas -financiado por el Estado y no por las farmacéuticas- que, solo por esta inmunización, ha desembolsado en concepto de indemnizaciones casi 6 millones de dólares a 49 víctimas de las cuales dos murieron y 47 padecen secuelas graves.

“Somos víctimas, no antivacunas”. Así se presenta la Asociación de Afectadas por la vacuna del Papiloma de España y que tiene como fin promover la asistencia, información y organización de personas afectadas al presentar efectos adversos por las vacunas que intentan prevenir algunos de los virus del papiloma humano (VPH). Este grupo de trabajo lleva más de un lustro reclamándole al Ministerio de Sanidad el reconocimiento de los daños causados y una asistencia apropiada a las jóvenes cuya integridad se ha visto quebrada por sus efectos adversos.

Así mismo solicitan un PROTOCOLO DE ACTUACIÓN que contemple investigación de tratamientos, seguimiento de las jóvenes afectadas, estudio y tipificación de las reacciones adversas e información por parte del profesional sanitario de la utilidad de esta vacuna y sus efectos secundarios y la retirada RETIRADA DE LA VACUNA VPH ya que no existe justificación alguna para que jóvenes sanas sufran riesgos innecesarios, cuando se dispone de medidas preventivas, eficaces y seguras, como la citología, el preservativo y la educación sexual. En relación a este último punto, quien escribe esta carta abierta se conforma con mucho menos: que el gobierno argentino garantice la libertad de elegir si vacunarse o no, que se muestre imparcial en un debate sobre las políticas de vacunación y que garantice a través de los medios públicos la expresión de todas las voces que tienen algo para decir; mi espíritu liberal me vuelve prudente a la hora de solicitar prohibiciones, tan solo apelar con humildad y razonabilidad al mayor esfuerzo colectivo para que los individuos podamos tomar decisiones con mayor responsabilidad.

Los números ponen de manifiesto las graves reacciones adversas en todo el mundo, notificándose a la fecha al menos 352 posibles muertes por la vacuna del papiloma ante la Agencia Europea de Medicamentos; en EE UU, a Julio del 2016, el VAERS (Vaccine Adverse Event Reporting System), dependiente de la FDA y el CDC, ha informado 268 muertes, 1480 discapacidades y 45.583 notificaciones serias en aquel país. Sea lo que sea que ha llevado a las autoridades sanitarias a recomendar esta vacuna sopesando sus riesgos y beneficios, hay argumentos contundentes y razonables para descartar definitivamente su obligatoriedad.

Sr. Presidente Mauricio Macri, usted no tiene porqué saber todo esto, pero sus colaboradores si. Las políticas de vacunación en nuestro país son un atropello a los derechos humanos personalísimos y su gobierno comete un error al sostener una vez más viejas metodologías que han empañado la libertad en nuestro país y que hoy son cuestionadas por profesionales e investigadores muy serios. Tal vez, cuando Antonia tenga edad de vacunarse contra el VPH ya hayamos superado esta locura y usted y su esposa puedan elegir si hacerlo o no; lo cierto es que hoy miles y miles de padres en nuestro país tienen que aceptar contra su voluntad y con una gran angustia aplicarles esta cuestionada vacuna a sus hijas y, ahora, a sus hijos. ¡Paremos con esto por favor! Y utilicemos esos valiosos recursos en iniciativas que si hacen una diferencia positiva probada en la salud de la población, tales como la promoción del test de Papanicolau, educación para mejorar las decisiones vinculadas a la higiene y la alimentación o la incorporación de las terapias naturales al sistema sanitario al que tienen mucho que aportarle.

Confío en que usted, una vez más, sabrá escuchar y atender este reclamo largamente ignorado por todos los gobiernos democráticos y desde que durante la última dictadura militar se impusiera la Ley de Vacunación Nacional.